jueves, 29 de marzo de 2007

Capítulo 18 - Despedida

- ¿Hola?¿Se puede?
- Ah, eres tú. Pasa. ¿Cómo que has venido?
- Venía a despedirme.
- Ah. Entonces, ¿ya te vas?
- Eso me temo...
- ¿No te parece un poco temprano? Apenas he tenido tiempo de...
- Ya, bueno. No es mi decisión.
- Sí, supongo. Si pudiéramos decidirlo las cosas no funcionarían, ¿no?
- Sí, algo así.
- ...
- Lo siento.
- No es culpa tuya.
- Ya...
- Resulta curioso: llevas toda mi vida formando parte de mi familia y cuando descubro lo mucho que te quiero tienes que irte.
- Resulta triste.
- Me gustaría no tener que inventarme tus palabras.
- A mí que no tu vieras que hacerlo.
- Bueno, tienes que irte.
- Volveremos a vernos.
- No estoy tan seguro.
- Confia en ello.
- Confio estar a la altura, y confio que me esperes.
- Gracias.
- Entonces, ¿ya está?
- Sí. Sólo falta decir adios.
- Nunca pude hacerlo.
- Ni yo.

martes, 27 de marzo de 2007

Capítulo 17 - Trampas

El esfuerzo. No se lo que es eso. Recogeré los frutos de un trabajo que no he hecho. Es una buena vida, pero un mal sabor de boca.

lunes, 26 de marzo de 2007

Capítulo 16 - ¿Capice?

Recapitulemos: El capero sustituto del capellán de Capra captenía el capital en la capilla. Acampó un criminal capcioso con gran capacidad, en un campo de Capra cercano a la capilla: capturaría el capital y corriendo escaparía. En la noche, el capero fracasó en el cuidado de la capilla, pues era captivo del cansancio. El criminal que lo captó, tomó el camino capdal que conducía a la capilla. Comprimiéndose, cupo por el vano del capialzado, capturó el capital ansiado y el capullo criminal escapó de la capilla. Despertó el capero crispado, y buscó el capilludo capital: acababa de escaparse junto con el criminal, ¡cupiera imaginarse que los capturara Capán! Llamó el capero a gritos a su capo, el capellán: capitularía, se lo dijo al capellán. Éste le dió un capazo, un capón y un pescozón y corriendo y exclamando pidieron que capturaran al criminal. No estaba en la casa ni del capador, ni del capitán. Tampoco en la del capataz y más carente era su presencia en la casa condal. Capturaron al criminal en el capitolio, se encontraba contando el capital, no le sirvió de nada pues todos a capella comenzaron a gritar: "Que sea castigado con la pena capital" y el capcioso criminal acabó decapitado por capturar el capital que debía captenerse en la capilla del capellán.

domingo, 25 de marzo de 2007

Capítulo 15 - 300

Ayer fui a ver 300.
Curioso título. En mi opinión, deberían haberla titulado Los 20 "auauaudores" que creían ser 300 y parecían invencibles porque no morían, aunque en realidad estaban muriendo los otros 280. Se ajusta bastante más a la verdad.
Luego, ya fuera de coñas, la película me pareció genial: muy en el estilo de Frank Miller, que ya pudimos ver en Sin City.
La fotografía gloriosa, aunque en no llegó a gustarme la banda sonora: no encaja con la ambientación a mi parecer... Para mí, lo mejor, la narración de mano de Pere Arquilué (la voz que usualmente dobla al britanico Clive Owen), principalmente porque esa voz me llega al alma; y algunas secuencias que son pero que muy espectaculares.
Y eso: no será la Horda contra los cinco ejércitos de los señores de la guerra del imperio agateo pero aun así es una gran película (espectacularmente hablando y en cuanto a "veibilidad").

martes, 20 de marzo de 2007

Capítulo 14 - Cuentos

Cuento: Narración breve de ficción.
Pues bien, resulta que cierta o no la ficción resulta de lo más reconfortante en algunas ocasiones. Éstas, pueden, o no, serlo. Disfrutadlos.
El niño que no sabía tocar el piano.
La historia de Préxades, la niña que cumplió su sueño.

La bonita historia de Caperucita Roja.


Presuntamente, los autores de estos videos son tambien los responsables de esta página: www.edgarygrisu.com.

jueves, 15 de marzo de 2007

Capítulo 13 - Elefantes y ratones

Siempre se ha dicho que los elefantes tienen miedo a los ratones, pero, lo cierto, es que no es miedo sino furia lo que sienten al ver a dichos animales...
¿Os suena de algo un tal "Ratoncito Pérez"?¿Creeis en serio que un pequeño ratón va a tener un alma tan sumamente altruista como para dar dinero y objetos a cambio de incisivos, colmillos, premolares y molares? En absoluto. La verdad es mucho más obscura y dura.
Resulta que allá por el siglo XVII, los ratones, por su naturaleza cleptómana y su afán de riesgo, comenzaron a entrar en las casas de los seres humanos y a robar objetos de éstas. Eran objetos pequeños que podían portar, pero los saqueos eran continuos. Asi, era frecuente para los humanos despertarse con ausencia de botones, dedales, bolas de naftalina, lacres, pendientes, anillos (los saqueos solían realizarse en casa de aristócratas). Hubo un tiempo en que el salvajismo de los saqueos era tal que un pequeño grupo de ratones comenzó a arrancar dientes de las bocas de sus dueños mientras estos dormían.
Más tarde, una resistencia de ratones, intentando que su especie recobrara el buen nombre de antaño, comenzó a dar dinero a aquellos a los que se había robado para amortizar sus pérdidas y así se fue forjando una tradición: los saqueadores acabaron por llevarse los dientes de los pequeños, que eran fáciles de llevar y no era necesario arrancárselos, y luego algún otro ratón venía y le dejaba al pequeño una moneda (acabaron situándola bajo la almohada porque en otros lugares de la cama se perdían).
Los elefantes por su parte, grandes y poderosos tenían una estrecha relación de correspondencia con los ratones, o esa era la versión oficial. Ciertamente, los elefantes tenían sometidos a los ratones pues poseían un arma que a ellos les aterrorizaba: una potentisima y precisa trompa con la que podrían empaparlos y hasta ahogarlos como a una panda de hippies en una manifestación.
El tiempo pasó y llegó el siglo XX. En la década de los 70, el hombre comenzó a cazar elefantes para arrebatarles el marfil de sus colmillos. Cuando el daño fue notable, los elefantes se alzaron en pie de guerra y juraron venganza: convocaron al ministro ratón y ordenaron directamente el cese de cualquier saqueo que no fueran dientes humanos, los querían todos, les harían sufrir como los humanos les habían hecho sufrir a ellos.
Hoy en día, los elefantes siguen incesantemente sojuzgando a los ratones para que nos roben la mayor cantidad de dientes posibles. Por eso, cuando un elefante ve a un ratón se enfurece: no permite ver como uno de ellos es capaz de no cumplir con su cometido y andar por ahi correteando, en lugar de recogiendo dientes.


Esperemos que nunca descubran que para nosotros, el que nos roben los dientes no supone ni dolor ni muerte, aunque quizá más de uno sí mereciera dolor...

miércoles, 14 de marzo de 2007

Capítulo 12 - Poder

No quiero gobernar a nadie. no quiero tener poder para hacer mi voluntad, no quiero poder para asfixiar al mundo entre mis manos, no quiero poder para decidir lo que está bien y lo que está mal, no quiero tener poder para juzgar y condenar, no quiero tener poder para no oir lo que se me dice, no quiero poder para mí.
Quisiera poder para no repudiar al mundo por vivir en hipocresia, quisiera poder para ser justo con el mundo sin vivir a contra corriente, quisiera poder mirar las cosas con objetividad, quisiera poder para no ser herido sin llegar a madurar, quisiera poder para vivir tranquilo, quisiera poder para no verte nunca triste y deprimida, quisiera poder para hacerte feliz, quisiera poder para llenarte día a día, quisiera poder para estar satisfecho con mis actos, quisiera poder para dejar de ser yo y convertirme en lo que eres, quisiera poder para tí, quisiera poder para hacerlo.




Será una moñada, pero qué pasa, estoy en mi derecho.